Recuerdan a tantos viajeros pasmados que recalan en la antigua ciudad prerromana sin saber muy bien porqué y se llevan a casa su placidez y su encanto alejados de cualquier capital bulliciosa, respirando quietud e hidalguía tras los muros de la altiva cuidad árabe y medieval. Aquellos que van sin saber, vuelven sabiendo que, aunque no es la punta de lanza de la Extremadura contemporánea sí es estandarte de una forma de vida más natural, más cercana a un medio ambiente sostenible que pide a gritos una mirada atrás. Palacio de los Golfines de Arriba. Puerta de la Estrella. Torre del Bujaco. Plaza de San Jorge. Casa de las Cigüeñas. Patrimonio de la Humanidad desde 1968 y punto. Por las calles intramuros no circulan salvo los escasos vehículos de los residentes, casi en su totalidad tataranietos de los hidalgos de antaño, que construyeron palacios y torres en base a sus doradas fortunas, amasadas riquezas o fraguadas en la América del Descubrimiento.
Escasos vehículos de motor digo, que sortean racimos no demasiado densos de turistas bajo las bulliciosas, eso sí, bandadas de golondrinas, aviones, vencejos, gorriones y sempiternas cigüeñas. Nidos inmensos de estas zancudas de pico largo poblando el techo de la ciudad. Muchos pájaros y pocos gatos. Sorprendente balance hacia las aves del cielo. Porque la ciudad no está sino viva por encima de los tejados, almenas, torreones y campanarios. Nada más que añadir. Ya es primavera sobre Cáceres.
5 comentarios:
Qué bien saben estas escapadas. Un post ejemplar, por cierto. ¿No hiciste alguna foto?
Me has debido coger a contra pié en la primera edición ;-). Me parece que ya he contestado.
Te lo mereces Pacman. Espero que los Happy hours fueran muy numerosos
Bonito sitio.
Ya contarás.
Yiyi, no es la cantidad, sino la calidad... pero, ¿a quién se lo estoy contando?
Publicar un comentario