jueves, 24 de enero de 2008

MEJOR, IMPOSIBLE

Nicolás me mira como si quisiera vaciar sus bolsillos cargados de hastío. La enfermedad lo ha estrujado hasta dejarlo sin hierro, así que se tiene que transfundir plasma sanguíneo una vez por semana. Tiene color ceniza y las bolsas bajo sus ojos aumentan mi percepción de cansancio ya rancio de tanto hospital. Soledad ya no espera nada de la vida. Mantiene un bebé de Famosa entre sus brazos con mirada extraviada, pero en sus ojos ya no hay consciencia, al igual que no la hay en el pelón de látex. Su acompañante, probablemente su hija -esta sí que es de verdad-, lleva el estigma de los nuevos sí dependientes. Eso no se paga con dinero, aunque ayude. A Francisca hace ya meses que los bichitos de la sangre le robaron el pelo de la cabeza, así que lleva un gorro marrón de lana que le da aspecto de inuik. Vivaracha, mantiene el tipo aunque soplen vientos de espera y espera y espera.

En medio de tanto drama personal, todos los que vivimos una pequeña epopeya -linfomas, leucemias, xxxomas varios-, nos hemos convencido a nosotros mismos de que lo nuestro es más terrible que lo del vecino. Pero no es verdad. A Nicolás le han operado más de 10 veces en los últimos 3 años y su mujer está entrando en la espiral del Alzheimer. Soledad supone una carga para su familia que ya no cuenta con ella para lo bueno, sólo para lo malo. Francisca no podrá presumir ya de peluquería. Doy gracias a Dios porque mi experiencia haya sido mucho menos terrible. En este periodo de casi un año (ver mi anterior post acerca del síndrome langosta), he estado rodeado de mi familia, de mis amigos. He sabido siempre dónde estaba y a dónde me dirigía. No he cambiado físicamente en lo esencial. Sería un insulto lamentarme.



Ayer salí del hospital a las cinco y media con la sensación de haber pasado página. Atrás han quedado meses de análisis, esperas, consultas, farmacia, paciencia, agujas, vías, sueros, paciencia, tomografías, punciones de médula, paciencia. No más quimios, no más sesiones de a día, no más anticuerpos. ¿Será, por fin, el final del tratamiento? Espero que sí. Vivamos el presente. Otra vez.

4 comentarios:

Gonso dijo...

Estos posts me cuesta comentarlos.
Mejor un abrazo en cuanto nos veamos.

Mike Muddy dijo...

Amigo, estamos contigo más que nunca. Nos vemos muy pronto.

Pepe dijo...

Seguro que es el final de un duro camino del que has sacado experiencias intimas y personales de las que ayudan a conocerse mejor a uno mismo y a los que le rodean, y como no, también a valorar en mayor medida las pequeñas cosas cotidianas y simples. Un abrazo de corazón y enhorabuena a ti y a toda tu familia incluyendo a Choco y resto de cuadrúpedos. Especial enhorabuena a la que apoya su cabeza en tu hombro y se enconde detrás de una mascarilla. Me temo que tiene mucho que ver en que ahora seas un Pacman renacido.

yiyi dijo...

De puta madre Paco me alegro un monton, me das una alegria enorme, el viernes te doi un abrazo