viernes, 3 de julio de 2009

SALANDER

Hasta que la otitis me ha dicho basta, he estado bajando a la piscina para hacer unos largos con el objetivo paradójico de quitarme el flotador dentro del agua. Es muy habitual que la gente baje con un libro y este año es así de literal. El 90% de los lectores de tumbona coinciden en leer el primero, el segundo o, pocos, el tercero de la serie Millennium del finado Stieg Larsson. Mike ya ha mencionado el best seller por aquí y yo salgo a la palestra para erigirme en defensor del bombazo sueco. Yes, me he leído del tirón las tres novelas; es más me las he devorado en un pis pas. Las 665 páginas del primer volúmen "Los hombres que no amaban a las mujeres" traducción dulcificada por alguna miembra para que el original "...que odiaban a las mujeres" no levante ampollas a aquellos que se la cogen con papel de fumar; pues bien, ese primero cayó con calma, a ritmo normal de lectura veraniega. Las 749 páginas del "La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina" me duraron cuatro días y el peaso de tocho de 854 del tercer tomo llamado "La reina en el palacio de las corrientes de aire" cayó en cuatro noches. Títulos largos y enigmáticos que llaman por sí mismos la atención protagonizados por Lisbeth Salander, atípica sueca cuyos rasgos físicos difieren del prototípico retrato de vikinga que tanto nos atrae desde que Ingrid de Thüle apareció en nuestras vidas. Lisbeth no es Ingrid. Menudita, metro cincuenta, sin curvas hasta que se cansa, morena de pelo corto, estética punkie con tatuajes y piercings. Nada que ver con las suecas de Alfredo Landa. Salander también es bisexual, hacker implacable pero impecable y muy inteligente, pero a su manera, las relaciones sociales no van con ella y eso le acarrea parte de las cosas que le pasan. Y sobre todo tiene muy mala hostia que aplica demoledoramente a su sentido de la justicia.
A su alrededor hay muchos personajes, desde los periodistas de la revista Millennium con Mikael Blomkvist, follador nato, a la cabeza hasta una legión de polis y espías. Las 2268 páginas tienen como toda obra larga sus altibajos pero en general la tensión te atrapa y pocas veces se puede decir que sobra paja.
La acción se sitúa en Suecia y principalmente en Estocolmo. Pues bien, allí me voy de vacaciones. No ha sido por las novelas, pues el viaje ya estaba planeado de antes, pero así de paso me haré una idea de por donde transcurre la acción.


Ya que he citado a Alfredo Landa podría decir eso de "Suecas allá voy" pero me excusaré alegando que además de la almiranta y el lebrel, en esta ocasión viajamos en plan familia Telerín con cuñada y suegros así que tranquilas vikingas que voy vigilado. Siento el topicazo pero hablar de suecas es lo que tiene.

Creo que Estocolmo me va a gustar, las fotos de calles, lagos y parques tienen muy buena pinta, tan limpio y ordenado. ¡Coño que es Suecia! la patria de Pippi Langstrum, Ikea y los Volvo. No sé qué me apetece más, si ir a ver al personal escandinavo a su reducto inmaculado, o huir de la casposa, ruidosa y sudorosa costa levantina que cada año me revuelve más la epiglotis.
Previo al mes de vacaciones tengo que cumplir con mi peaje escolar, que cómo no, me lleva de nuevo a la Pérfida. El tema ya cansa pero avanzo que me voy a pasar quince días en Oxford y si tengo ocasión haré alguna crónica Oxoniense con sus colleges y todo eso.


Por si acaso no puedo entrar en el blog me despido hasta recuperar conexión, así que good bye, see you soon, be good and publiquen coño.

Desde el ascensor con las maletas: Gonso

1 comentario:

Mike Muddy dijo...

La trilogía caerá este verano, espero. Conozco Estocolmo y es una ciudad muy agradable. Los nórdicos han creado una sociedad contemporánea de alma civilizada y tranquila, al menos en apariencia; nada que ver con sus ancestros de armas tomar.
En tu misión en la Pérfida tómate unas pintas a mi salud en el Eagle and Child, el pub donde Tolkien, C. S. Lewis (el creador de Narnia) y sus colegas se reunían para hablar de lo divino y de lo humano.
Seguimos viéndonos en el blog.