domingo, 2 de marzo de 2008

RUTINAS

A las 7.15h suena el despertador. Suena tres veces y lo apago. Me levanto cinco minutos después y me pongo el albornoz. A oscuras llego a la cocina, enciendo la luz sin entrar y cuando me he acostumbrado a los neones, entro.
Pongo la radio, la que no tiene anuncios, que está dando el parte meteorológico por comunidades, después los deportes. Mientras escucho ésto saco mi taza del desayuno del armarito de las tazas del desayuno. Nevera, leche Pascual con calcio, tres de azúcar, una y un poco de Nescafé y un minuto y un poquito en el microondas a 750w.
Tres ó cuatro sorbos, friego taza y cucharilla, guardo el azucarero y el café instantáneo, cojo la radio y al baño.
Son las 7.30, momento trono. La radio da las noticias y yo miro las instrucciones del barco que estoy haciendo. Me las sé de memoria. Oigo a Pilar que se levanta y entra en el otro baño. alargo el momento de soledad amena por el puro placer de estar tranquilo. Cuando la radio comienza a dar las noticias regionales yo termino las noticias intestinales. Salgo del baño con mi radio, dejo el barco en fotos en su sitio y me voy al otro baño que ya está libre. Lavo manos, cojo cepillo de dientes, pasta y a frotar. Se acerca la hora en punto cuando me estoy dando la crema de afeitar. Cuchilla de tres hojas y cuidadín de no cortarse. El día que toca: a sangrar.
Ducha. El ruido del agua no me deja oir la radio pero me da igual ya que se empiezan a repetir las noticias.
Son las 8.o5. Pilar ya se ha ido. No nos hemos visto pero luego hablaremos por teléfono. Ha dejado todas las ventanas abiertas, para ventilar, dice, para constipar, digo yo. Seco y enfundado en el albornoz salgo del baño y el efecto ventana-abierta-frio-que -te-cagas anula el de ducha-calentita-reconfortante. Cierro ventana, echo visillos y del cajón de la mesilla saco la ropa interior y los calcetines. Para seguir vistiéndome tengo que ir a otra habitación donde está el armario con mi ropa. Allá voy. Pantalón y camisa, adiós albornoz, hasta mañana. Sigo la peregrinación para terminar de vestirme. Las corbatas y cinturones están en el armario de la habitación del niño ¿Por qué? Y yo qué sé.
Son las 8.15. Entro en el cuarto del niño dando los buenos días. Ni se inmuta, está frito. Levanto la persiana y con el ruido se mueve. Insisto con las mismas frases tontas todas las mañanas "buenos días tio Matías" "arriba los corazones, abajo los tréboles"... son tontas pero son nuestras.
En su armario sigue mi romería. Se levanta y sale arrastrándose hasta el baño donde le llevo su ropa. Nudo de corbata. De fondo un chorro poderoso, la cisterna y la radio que ya oigo pero no escucho. Otra vez en el cuarto de mi ropa, otros salen a correr por las mañanas, yo sólo me visto.
Vuelvo a su cuarto. Huele a monete. Dentro de unos años olerá a ñu. Ventana abierta y cama estirada, no agitada.
8.20...
Podría seguir. Me lo sé de memoria. el guión varía poco. Rutinas simples que nos cansan y nos aburren pero al mismo tiempo nos dan tranquilidad. Si algo cambia se trastoca todo. Quizá algún dia toque cambiar, de momento a las 7.15 suena el despertador. Suena tres veces y lo apago. Me levanto cinco minutos después...

2 comentarios:

PacMan dijo...

Buena reflexión. Esta rutina tan simple que expones resume las bondades y maldades de nuestra sociedad del primer mundo: café instantáneo, leche con calcio, dos baños en la casa, cepillo de dientes y corbata. Y no verse por la mañana, sino hablar por teléfono. La tragedia de la vida. La comedia de la vida. Superior.

Mike Muddy dijo...

Joder, cómo madrugas. Yo me levanto a las 7:45 y así voy luego, a toda hostia. Claro que el desayuno, el aseo y las labores domésticas las dejo para luego, cuando regreso de dejar a las niñas en el cole. Menos mal que no me dejo ver por las mamás de sus compañeros, porque parezco salido de una noche de farra.
En el cumplimiento de las rutinas hay un mensaje positivo: seguimos aquí, un día más.