
Sí, tengo que reconocerlo no me llega la camisa al cuello. No pienso en otra cosa y cada día que pasa la angustia aumenta. Sí, el maratón esta ahí a la vuelta de la esquina, ya se ve la pancarta de salida en el horizonte y no puedo dejar de estremecerme pensando en los 42,195 Km.
No se porque lo hago, no tiene ningún tipo de sentido pero el caso es que estoy liado de nuevo en esta aventura. ¿Por qué? Quizá porque es un reto personal. Me acuerdo en el instituto donde todos mis compañeros de la clase me ganaban incluyendo las más tetones y culonas. Era una vergüenza, la escoria de la clase. Ahora seguramente daría sopas con ondas a la mayoría (too late).
No tengo físico de ningún tipo de corredor, ni de fondo, ni de nada. Es impresionante estar en la salida esperando el pistoletazo, con la megafonía a tope, oliendo a reflex, oyendo el bip-bip de los pulsometros, risas nerviosas, ropa de calentamiento volando de lado a lado de la calle y ves que ..... nadie, ningún corredor de los que te rodea y atisbas en el horizonte tiene tus características. No hay nadie tan alto ni tan grande como tú y entonces piensas en todo, en que te estas jugando la vida estúpidamente, en David Mirasierra Pérez que murió delante de mi fulminado en el km de 19 de la media maratón de Madrid de hace un par de años con solo 24 castañas...... en tus tres hijos..... en fin que soy un imbécil, y que voy a sufrir como un cabrón durante más de cuatro horas y media, 270 minutos, le leche de segundos........
Este es mi último maratón. Se ha acabado. Hasta aquí llego mi carrera maratoniana, pero tengo que decir que me siento orgulloso de mi mismo, de haber podido superar y vencer el maratón a pesar de mis limitaciones, de haber encontrado un Titus que no conocía, de haber sentido la emoción de cruzar la meta de la mano de tus hijos y haber llorado como un crío.
En fin, espero sentir de nuevo todo esto el próximo domingo y que mejor escenario que París. París bien vale una misa y un maratón ¿no?.
Por cierto, tengo la costumbre de regalar mis maratones. Sí, puede parecer una chorrada, pero el esfuerzo personal que lleva esta carrera detrás es el mejor regalo que puedo hacer a alguien, algo que el dinero no puede comprar.
Este va por ti PADRE.
Dios me ayude y suerte para todos.
Que la fuerza os acompañe.
Nos vemos a la vuelta.